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lunes, 20 de octubre de 2008

Ayer vi la tele

Sí. Ayer vi la tele.

Y aunque parezca normal, eso no es lo habitual.
Como decía Groucho Marx: "Yo encuentro la televisión bastante educativa. Cuando alguien la enciende en casa, me marcho a otra habitación y leo un buen libro."
Eso es lo que suelo hacer, aunque algunos días cenamos delante de la cajita y la veo. Lo normal es que mire y no vea, abstraido en mis propios pensamientos. Lo que sale me recuerda algo, y eso otra cosa, y esa otra cosa otra diferente... ¿Qué han dicho? ¿Eeeein? Es lo que suele pasar.

Ayer estábamos viendo uno de esos programas que se han puesto de moda, de entrevistas a personas anónimas, en la calle, con pocos medios y mucho que contar (la verdad está ahí fuera). Esa clase de programas sí me gustan, porque son reales y hablan de problemas de gente de verdad, como tú y como yo, como el vecino... o casi.
"Vidas anónimas", o algo así, se llamaba la sección del programa. Hablaban con toda naturalidad y toda sencillez una pareja. Ella: rumana, sin papeles, prostituta, ni guapa ni fea. Él: español, en paro, poco agraciado. Ambos convivían en un minúsculo piso y hablaban uno de otro con un cariño envidiable. Mientras ella hacía la calle y se ganaba el pan de su familia, él adiestraba periquitos y cuidaba del hijo de ambos.
"Estar en la calle es durísimo, nadie sabe lo duro que es hasta que le toca". "Yo no se lo deseo ni a quienes me dejaron en la calle. No se lo deseo ni a mis padres". "Dormir en un banco es terrible, sobre todo si llueve o hace frío". "Entre estar en la calle y la prostitución, yo lo tengo claro".
No hablaban con resentimiento. Ni él parecía darle demasiada importancia al oficio de su pareja. Y tenían un niño (o niña, no recuerdo) de pocos meses, precioso, dos ojazos, sano.
"Le vamos a educar con pocas cosas, para que cuando le compremos algo, se ponga contento".
Y ya no vi mucho más, aunque el programa continuó pasando por la cajita. La frase se me quedó grabada y me hizo pensar.
Somos nosotros los que nos complicamos la vida. No necesitamos tantas cosas para vivir felices.
Ayer no escribí nada. Ayer vi la televisión.

2 comentarios:

M. dijo...

Es cierto, cuando más se tiene, menos se valora lo que se tiene. La gente de mi generación, por ejemplo, creció con pocos juguetes (poquísimos, comparados con los que cualquier niño tiene hoy en día, y muchos de ellos eran de fabricación casera), y no creo que disfrutáramos menos jugando que los niños de ahora. Todavía hoy cuando voy a tirar un retal que no vale para nada por lo diminuto, se me ocurre pensar que de ese trapo podría salir un magnífico vestidito para una muñeca, o una sabanita para la cuna (la cuna era una caja de zapatos de cartón).

Releo. Juás, con lo poco que me gusta coser ahora. Parezco la abuela Cebolleta XD

Esteban González García dijo...

Demasiado de todo (material). Y muy poco de lo importante...